Hace algunos días leía en la prensa digital un artículo donde decía que varias empresas estadounidenses solicitaban la contraseña de Facebook al candidato que se presentaba para ocupar un puesto en la empresa, con el fin de poder comprobar las actividades y relaciones que podía mantener (elconfidencial.com, elsiglodedurango.com.mx).
Desde luego esto es un ataque directo a la privacidad de la persona que, ante la necesidad de conseguir el puesto de trabajo, puede llegar a ceder sus datos de acceso. Poniéndome en la piel del empresario, el fin es asegurar que la persona a la que vas a contratar es realmente quien dice ser, lo cual resulta, desde cierto punto de vista, algo lógico. No obstante, tanto en este caso como en otros, el fin no justifica los medios. Por un lado porque no se trata únicamente de la intimidad del candidato, sino también de todas aquellas personas con las que éste mantiene una “amistad” en la red social.